
El Gobernador Javier Corral, en su venganza incansable en contra de César Duarte, ha permitido la impunidad entre los cómplices del ex gobernador que hoy permanece prófugo de la justicia, y es que en su afán por engordar las carpetas de investigación, ha convertido en testigos protegidos a gran parte de los coautores principales del desfalco de las arcas chihuahuenses.
No es un secreto que la liberación del ex alcalde Javier Garfio, lejos de las artimañas legales, fue una dura negociación para obtener más información en contra del “pez gordo” para Javier Corral.
A Jaime Herrera, otro de los que se llevó una gran parte del botín, se le puede ver muy campante en los restaurantes y plazas comerciales de la ciudad y hasta el ex secretario de economía, Manuel Russek Valles, se mofa muy despreocupado de los chihuahuenses, disfrutando las millonadas que se robó y que hoy en día están cuidadas por su pacto con Javier Corral, como testigo protegido.
Todo esto pasa descaradamente mientras los chihuahuenses esperan con ansias la lejana detención de César Duarte, mientras que el hoy mandatario, sigue buscando su venganza personal utilizando no sólo todos sus recursos, sino el de los ciudadanos.
Por cierto, a Javier Corral, se le olvidó que otro clamor de los chihuahuenses, es la seguridad pues esta se ha disparado a niveles alarmantes que nos hacen recordar el año 2010, cuando la guerra entre cárteles y gobiernos estuvo en su momento más cruento.
Ha y no olvidemos las promesas incumplidas, pues no sólo no hay universidad gratuita sino que las inscripciones de la UACH aumentaron, el transporte público subió hasta nueve pesos, prestando un servicio totalmente deficiente, los derechos vehiculares se convirtieron en golpes muy duros para las familias, el agua incremento y peor aún, el sueldo de los servidores públicos de primer y segundo nivel aumentaron de manera importante dentro de su invisible plan de austeridad.






















