
En Chihuahua, el ambiente político ya se siente más tenso y competitivo, y donde quedó claro que la contienda por la alcaldía se está calentando fue en el cruce entre César Jáuregui y Santiago de la Peña.
El fiscal Jáuregui intentó marcar distancia al asegurar que ve lejos en las encuestas a su rival, en un mensaje que buscó proyectar ventaja pero que también deja ver que el movimiento en los números ya empezó a incomodar, porque cuando alguien siente la necesidad de subrayar que va arriba, es precisamente porque alguien más empieza a acercarse.
Ahí es donde destaca Santiago de la Peña, sin engancharse en confrontaciones, respondió con serenidad pero con un mensaje contundente, diciendo que no se pongan nerviosos, porque viene un “rebase limpio y por la derecha”.
Más que una frase, es una declaración de confianza en un crecimiento sostenido que ya empieza a generar ruido en el tablero político; en política, como en las carreras, el foco no siempre está en el puntero, sino en quien viene acelerando, y hoy, el nombre De la Peña empieza a posicionarse con fuerza.
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En el Senado se discuten muchos temas, pero pocos tan sensibles como aquellos que impactan directamente en la vida cotidiana de las personas. El agua es uno de ellos. Y en Chihuahua, este tema no admite matices.
Durante el diálogo con Roberto Velazco, propuesto para liderar la política exterior del país, el senador Mario Vázquez hizo algo que debería ser regla y no excepción: representar con firmeza las preocupaciones de su estado.
El eje de la discusión fue el Tratado de 1944 y su interpretación actual. Pero más allá del documento, lo que está en juego es el acceso al agua en una de las regiones más desafiantes del país en términos climáticos.
Chihuahua ha demostrado que incluso en condiciones adversas se puede producir, crecer y sostener a miles de familias. Pero esa resiliencia tiene un límite, y ese límite es el agua.
El reconocimiento del problema y la apertura al diálogo, incluyendo la disposición de mantener comunicación con la gobernadora Maru Campos, son señales positivas. Sin embargo, la política no se mide en intenciones, sino en resultados.
La postura del senador es clara y contundente: el agua de Chihuahua no es moneda de cambio. En un país donde las decisiones suelen centralizarse, recordar la importancia del territorio y sus realidades es más necesario que nunca.






















