El gobierno federal ha enviado un puñado de vacunas covid, y aún que en las primeras etapas no se logró cumplir la meta de vacunar en primera instancia al personal de salud, las nuevas vacunas serán aplicadas en la zona serrana, lugar donde el número de contagios es muy bajo y los casos de gravedad son casi nulos.

Pese a que la promesa fue que se vacunaría primero a todo el personal de salud, sólo se aplicó el fármaco a poco más de la mitad, es decir, hay cientos de médicos que están en la primera línea de batalla contra el pandémico virus, que siguen sin ser inmunizados.

El colmo de la estupidez es que ahora López Obrador emitió la instrucción de que las vacunas de AstraZeneca las cuales llegaron a Chihuahua este domingo, se trasladarán a municipios de la sierra en donde el problema sanitario no ha golpeado tanto como en Chihuahua, Juárez, Cuauhtémoc, Parral y Delicias.

Mientras en otros países del mundo las vacunas se aplican con carácter de urgente en las ciudades que presentan mayor concentración de personas y por ende, representan un mayor riesgo de contagio, nuestro brillante mandatario ordena justo lo contrario.

Los países de primer mundo y los que están en desarrollo, comenzaron campañas masivas de vacunación, iniciando por el personal de salud, los docentes, los cuerpos policiales, los adultos mayores y dejando algunas dosis para el resto de la población, otorgando también permisos para que las grandes empresas adquieran por su cuenta las vacunas y las apliquen a sus plantillas laborales.

En México las vacunas se adquieren a cuentagotas y se despilfarran sin una verdadera estrategia, se aplican mal, no se tiene un orden y un verdadero registro y hasta se registran personas ya fallecidas para poner las dosis a gente que está en el rango de menor riesgo de gravedad, peor aún, los medicamentos que requieren dos dosis para su efectividad, se aplicaron en una sola etapa sin prever la adquisición para la segunda etapa que asegure la efectividad del fármaco.

Por cierto, la OMS anunció que México se convirtió en el país con la mayor mortalidad por Covid-19 en todo Latinoamérica, lo que seguramente caerá al presidente Andrés Manuel López Obrador, como anillo al dedo.