Aunque Juan Carlos Loera de la Rosa asegure que “borrón y cuenta nueva” con la gobernadora Maru Campos, es evidente que el resentimiento y el coraje por la goliza que le puso el pasado 6 de junio, sigue ardiendo hasta lo más profundo de su corazón, lo que se puede ver con claridad en su semblante cuando pisa el Palacio de Gobierno, ese que alguna vez pensó que podría ser de él.

Como delegado en Chihuahua de los programas del Bienestar, es decir, representante en la entidad de su padrino López Obrador, fue como arribó al Palacio, cabizbajo, con el semblante caído y la mirada al piso, fue como hizo presencia este señor.

Posterior a la reunión del Comité Estatal de Salud y de la Mesa de Seguridad, Loera atendió a los medios de comunicación, a quienes ofreció una serie de respuestas ambiguas, vagas y sin pies ni cabeza… “pobre hombre”, dijeron los reporteros que ahí se encontraban reunidos.

No podemos olvidar que durante el periodo de campaña, Juan Carlos Loera en concordancia con la misoginia de Javier Corral, lanzaron señalamientos a diestra y siniestra contra Maru Campos, y no sólo hicieron mención del tema Duarte, sino que le adjudicaron una serie de calificativos que no me atrevo a mencionar pero que todos conocen.

Ahora es cuando se debe de arrepentir o apechugar, dicen en el rancho… claro, él no sabe de ranchos porque siempre fue un izquierdoso en cuna de oro, no hizo mal El Caballo Lozoya en decirle payaso, lástima que estos personajes siempre estarán en el escenario por sus padrinos y protectores.