

Por César Juárez.
Doctorante en derecho judicial.
Y Usted, ¿Qué quería ser de grande?
En el andar por los diferentes albergues del Estado, conocí, la historia de Toñito, (nombre ficticio) de 8 años de edad.
Sin duda me llamó la atención, puesto que estaba separado de las niñas y de los niños de ese albergue.
– ¡Hola!, le dije… –“Eh” me responde…
– ¿Cómo te llamas? Pregunte… –Me responde ¡Toño!..
– ¿Por qué no estas con los demás niños y niñas?
–Es que le pegue a Juanito… – ¿Y eso?… Fue mi pregunta…
–Es que yo quería ver caricaturas, y el programa de animales, pero siempre tenemos que ver lo que él quiera, sólo porque él está más grandote que todos y todas… Y además, él fue él me pego primero, yo le tiré una patada, y dijo que yo, y a mí me pusieron consecuencia… Respondió
– ¿Qué te regalaron en navidad? Le pregunte… me responde.
– No alcance regalo porque como eran bien poquitos y no me tocó, y los últimos regalos que trajeron después eran como tres. Los pusieron en el pinito, y nos dijeron a los que no habíamos alcanzado, que éramos como cinco, el que los agarre primer, y pues… – ¡No alcance! Exclamó con carita seria.
Cabe señalar, que en ese entonces habría una población promedio de 25 entre niñas y niños de edades de los cinco hasta los doce años. Sólo se contaba con una sola televisión, y dos divisiones que separaba a las niñas de los niños, pero a la hora de las comidas se juntaban todos y todas. De igual manera eso pasaba a la hora de ver televisión, y era común que cada quien quisiera ver diferentes programas de acuerdo a sus gustos y edades, ya las cuidadoras intervenían para decir que verían, o en efecto imperaba la voluntad de los más grandes de tamaño o edad según lo que me refirió Toñito.
– ¿En qué año vas en la escuela Toñito? Pregunte, – ¡No voy! Exclamó… ¿Y eso? ¿Por qué, no vas? pregunte… – Pues no sé, no me gusta… comentó.
– Tienes que ir a la escuela, le comente. ¿Qué quieres ser de grande?.. – y Toñito sin titubear me responde… ¡Hijo!
No encontré las palabras en ese instante como responderle a Toñito. Pero como esa vivencia, no es de extrañarse que se viva a diario en los diferentes albergues del Estado. Y el deseo de muchas niñas y niños de ser eso hijas e hijos.
La repuesta que esperaba de Toñito, era que me dijera: que quería ser Doctor, bombero, policía etc. Y su respuesta fue la que menos esperaba y simplemente me quede “helado” al escucharlo.
De aquí que el Estado en sus tres poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, deben tener en cuenta en todas sus actuaciones el Interés Superior de la Niñez, y establecer políticas públicas que permitan a la niñez la vida en familia, extensa, ampliada, por adopción o familias de acogida. Y poner a la niña o al niño en el centro de sus actuaciones.






















