
Hablando de Javier Corral, el presidente López Obrador, lo dejó fuera de las embajadas y consulados de México, aun y cuando el paseño, le pidió chanza de irse becado a España, y así evitar más humillaciones, en el terruño que por algún momento lo adoptó como gobernante y al cual terminó por decepcionar.
Dentro de los nombramientos que se hicieron, se vieron subrayados con marca textos, el caso de dos ex gobernadores, de Sonora, Claudia Pavlovich Arellano, quien será la titular del consulado de México en Barcelona (justo el que pedía Javier Corral), y Carlos Miguel Aysa, de Campeche, quien estará al frente de la embajada en la República Dominicana.
Era de esperarse, pues López Obrador, no quiere despertar pasiones que ahorita permanecen adormiladas, y sabe que en este preciso momento, tiene más de ganar con Maru Campos que con Javier Corral, y no por nada, la buena relación que permea entre Chihuahua y la 4T, la que seguramente se habrá de extinguir en los próximos años, mientras podemos disfrutar de esta calma.
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Definitivamente, personajes como Lucha Castro, no tienen vergüenza, y es que, a estas alturas del partido, salir a decir que un juez reconocería haber actuado con los dados cargados, en una audiencia tan relevante como la de la entonces candidata Maru Campos, sólo ser ratificado en el Poder Judicial, aún a sabiendas de todas las implicaciones que esto le va a representar… es una verdadera locura.
Cegada por el poder, igual que su amigo y padrino Javier Corral Jurado, a nadie se le olvidan todas las acusaciones que Luz Estela Castro, tiene por haber presuntamente, intervenido de forma mañosa en la designación de jueces y magistrados, lo que tiempo después, le ha costado la chamba a varios.
Ese pensamiento, corresponde al típico “como vives, juzgas”, y no es que actualmente el Poder Judicial o el Ejecutivo, gocen de plena transparencia, confianza y certeza, pero de lo que sí sabemos que gozan, es de inteligencia, y difícilmente utilizarían algo tan sensible como moneda de cambio, porque saben que les puede salir el tiro por la culata, justo lo que no razonaba Javier y compañía, en el quinquenio pasado.
Como diría Homero Simpson, no a todo mundo le gusta disfrutar “los tiempos de felicidad entre la mentira y el momento en que se descubre”.






















